La importancia del color rojo.
El tío no puede evitar el chiste del reloj cuando entra en el garaje, después de hacerse el sorprendido por la hora. ¿Ya son las nueve? Imita gestos de haberse pasado con la bebida. No es que ese reloj mienta -comenta- dice la verdad dos veces al día.
Me sigue pareciendo gracioso. A mi hermana le fastidia un poco. No da mucho por él. Y eso no me gusta. A mi hermana le cuesta querer a personas que considera por debajo de su inteligencia.
Creo que es un tema de edad. Los adultos entre 30 y 40 sienten que deben comenzar a bajar línea. Mostrar todo eso que aprendieron. O bueno. Empiezan a leer para formar opinión. Escuchan a especialistas.
Otros son como el tío.
Almuerza con nosotros los domingos. De tarde lo arrimamos hasta su casa. En los 15 minutos de carretera el tío inventa un soliloquio. A mi hermana le gusta manejar pero no llevar al tío. Voy en el asiento de atrás, siguiéndole el tren. Mi hermana piensa que es compasión. Pero yo lo disfruto. A veces te lleva a pasear al lugar de la tontería. Otras te explica lo que escucha en una canción. O la importancia del color rojo.
A mi hermana le quedan dos exámenes y se recibe. Se calienta cuando tiene que explicarle otra vez porque no retiene el nombre de la carrera. Todo lo grande le cuesta. El tío es un tipo que atiende detalles. Una vez lo encontré llorando en el fondo, abajo del árbol, conmovido por la ruta que una hormiga había elegido para volver al hormiguero.
Para mi hermana es el tío al que le puede pedir cigarros. Lo dejamos en la puerta. Mientras lo saludo con la mano como cuando éramos niñas, mi hermana ya sale en reversa con algo de apuro. Tenemos que conseguirle novia, le digo. Ella cierra los ojos y pone primera en silencio, echando humo como hacen los que no fuman.
